«Del impacto a la recuperación: el mecanismo que regenera los ecosistemas»

Por Giulia Ferrari, bióloga marina y buceadora profesional en Underwater Gardens International (UGI)

-Comprender los ritmos naturales es la clave para restaurar los ecosistemas marinos-

Llevamos años observando cómo el Mediterráneo pierde vida. Las praderas submarinas retroceden, los fondos se empobrecen y las tormentas cada vez más intensas remueven lo poco que queda. Sin embargo, el mar no es un organismo pasivo: tiene su propia forma de curarse. Tras cada perturbación —una obra portuaria, un vertido o una DANA— la naturaleza activa un mecanismo invisible pero extraordinariamente eficaz: la sucesión ecológica.

La hoja de ruta de la naturaleza

La sucesión ecológica es el proceso por el que un ecosistema se reorganiza después del impacto. En el mar, primero aparecen microorganismos y bacterias que colonizan las superficies y crean un biofilm, una fina capa que lo cambia todo: fija nutrientes y sienta las bases para que lleguen esponjas, moluscos o corales, los llamados “ingenieros del hábitat”. Con ellos, el paisaje se vuelve tridimensional, vuelve la biodiversidad y, finalmente, los peces y otras especies encuentran refugio y alimento. No es un proceso caótico, sino una secuencia de etapas medibles que orientan la regeneración y permiten aprovechar la sucesión como herramienta de restauración.

Lo que la ciencia ya sabe

Comprender los ritmos naturales no es solo una cuestión científica: es un acto de escucha profunda hacia los ecosistemas marinos. La vida en el océano se regenera siguiendo ciclos y etapas que no solo pueden medirse, sino que deben respetarse. Cuando la restauración acompaña esos procesos, no solo se vuelve más eficaz, sino también más duradera y resiliente. En cambio, intervenir sin atender a esos tiempos suele conducir al fracaso o a soluciones que no perduran.

En Underwater Gardens International abordamos la ciencia y la biotecnología como herramientas que acompañan y refuerzan los procesos naturales. Previo a cualquier actuación, caracterizamos la biodiversidad y el hábitat del área de intervención línea base, dinámica, especies clave y usos y, a partir de ese diagnóstico, integramos soluciones basadas en la naturaleza, diseño biomimético, sustratos eco-compatibles y monitorización (MRV: medición, reporte y verificación) para seguir la evolución del sistema y asegurar que la actuación mantiene su funcionalidad en el tiempo. En este contexto, los sustratos y soportes que desarrollamos son un componente dentro de una estrategia de restauración más amplia, cuyo objetivo no es añadir elementos al fondo marino, sino reactivar la sucesión ecológica y recuperar funciones refugio, complejidad estructural, conectividad, biodiversidad y captura de carbono como co-beneficio ecológico. Sobre esta base técnica y de datos es posible, además, vincular los proyectos a marcos de créditos de carbono o de biodiversidad. En definitiva, se trata de crear las condiciones adecuadas para que el ecosistema pueda restablecerse con autonomía.

El tiempo como aliado en la regeneración

La restauración marina no se trata de conservar lo que queda, sino de activar lo que puede volver. Los ecosistemas no responden a nuestras prisas, pero sí siente el impacto de nuestras acciones. Algunas comunidades se regeneran en meses, otras necesitan años o incluso décadas. Lo que marca la diferencia no es la velocidad, sino las condiciones que les ofrecemos. Si seguimos sobreexplotando, calentando y contaminando, el ciclo de sucesión se interrumpe o se reinicia una y otra vez sin llegar a consolidarse. La naturaleza tiene sus propios mecanismos de sanación, pero necesita espacio y tiempo para activarlos.

Por eso, el tiempo no es un obstáculo, sino un aliado poderoso. La clave está en acompañar, no en dirigir. Restaurar significa confiar en los procesos ecológicos, crear las condiciones adecuadas y permitir que la vida vuelva a desplegarse por sí sola.

Una mirada restaurativa

Como bióloga marina, he presenciado cómo la vida vuelve incluso en los lugares más dañados, cuando se le da espacio para respirar y tiempo para recomponerse. He visto cómo la naturaleza responde con fuerza cuando la acompañamos en lugar de dirigirla. También he aprendido que los proyectos que ignoran sus ritmos, por más recursos que tengan, suelen perderse en el intento.

La sucesión ecológica no es una fórmula ni una intervención puntual: es una alianza a largo plazo. Restaurar no significa controlar, sino confiar. No se trata de salvar al océano, sino de crear las condiciones para que se regenere con autonomía. Eso implica una nueva forma de mirar: más abierta, más paciente, más conectada con los procesos vivos.

Porque la verdadera restauración comienza cuando dejamos de imponer y empezamos a colaborar.

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